El balcón de tu mirada

                 Los hermanos de Jesús que hemos tenido el gozo de vivir la transformación que sufría la imagen de pena y sufrimiento de la Virgen del Traspaso cuando la mañana de Jesús le daba el sol en la cara al llegar a la Corredera, la hemos vuelto a rememorar esta Noche de Jesús en la plaza de Peones, en unos momentos tan inovildables como aquellas historicas mañanas de los añejos Viernes Santo.

             En tan inovildables momentos, pensé, que aun siendo en la alborada, Nuestra Madre se sintió complacida y bendecia la levantá que su cuadrillero dedicaba a una criatura que de seguro vestirá el hábito de Jesús y alumbrará con su farol la felicidad de todos los suyos.

           La calle Carpinteria Baja anciosa de perfumarse con los aromas celestiales de la Señora del Traspaso pareció impacientarse de su presencia. Nadie sabía que la Virgen tenía prometida una visita y la ruptura de un varal de su paso, sería la justificación perfecta para cumplir su promesa. Alli la Señora posaría su virginal mirada en un balcón en la estrechura de la calle, mientras sus cargadores acercaban su paso para que reparasen desde el aquel quebrado varal.

Nadie sabía en la hermandad y en la aborratada calle, que este accidente fue un pretexto para que la Virgen cumpliese una promesa que llenase con su infinita mirada de dolor, los dolores de una familia cristiana que lloraba tras aquel balcón la reciente muerte de su dueño.

La Virgen traspasaria con su celestial mirada los corazones de aquella familia, que reafirmaba la esperanza en la resurreción. Pocos sabíamos que cuando las cenizas de aquel padre de familia quedó para siempre al cobijo del Santisímo Cristo de la Buena Muerte en la Capilla de San Juan de Letrán, su mujer, hermana de Jesús como toda su familia desde la noche de los tiempos, unió a su profunda pena, la que esa Noches de Jesús su marido no volveria a ver a su querida Virgen del Traspaso pasar por delante de su balcón.

Su hijo le aseguraba con fe a su madre en la puerta de San Juan de Letrán,  que esa madrugada, la primera que su padre no podría ver a la Virgen desde su balcón que Nuestra Señora del Traspaso vendría y posaria su mirada sobre su imborrable recuerdo.

Aquel varal roto fue el instrumento ideal para que la Virgen, una vez más cumpliera su promesa y con su dulce mirada trapasaría para siempre el balcón de las almas en la estrechez de una calle del viejo Jerez.

                                                    Noche de Jesús de 2012
                                                    José Castaño Rubiales